Luis Manuel's profileCon la cabeza en obras, ...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
Con la cabeza en obras, disculpen las molestiasPequeñas almas, grandes corazones |
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Sé que a la mayoría de vosotros os cuesta dedicar parte de vuestro tiempo a entenderme, y más aún a responderme. Así que gracias por visitar mi espacio, y gracias de antemano por vuestros comentarios, sin los cuales, esto pierde mucho la gracia. Para aquellos que quieran dejar algún comentario general sobre el espacio o algún mensaje que no tenga nada que ver con ésta o aquella entrada, os dejo el libro de visitas para que dejéis lo que queráis.
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November 23 Princesa Y entonces ocurre. Justo cuando uno empezaba a creer de verdad que buscaba lo inalcanzable, que soñaba con imposibles, que no hay más remedio que rendirse a la realidad del mundo y cambiar para ajustarse a las exigencias de éste... Justo cuando la fe empezaba a flaquear, ocurre. Ocurre sin más, sin previo aviso, sin un largo proceso. Sólo un par de acciones triviales e impulsivas, y el rayo de luz que quiebra la negrura de la noche está ahí, como la cosa más natural del mundo. Tan repentino, hermoso e inesperado, como un nenúfar que brotara entre la arena de un desierto. La precisión de su belleza humana es tal, que parece que el universo hubiera escrutado en mis sueños, y luego hubiera tratado de reproducirlos dibujándolos en una persona. Tan irreal y fantástico, que el cerebro aún no es capaz de reconocer y reaccionar a lo que ocurre, como si le estuviera pasando todo a una persona que estuviera muy lejos, y casualmente esa persona ocupara tu propio cuerpo. Como si los hados del destino decidiesen por fin poner punto y final a una broma que se estaba alargando demasiado, y ya no tenía gracia; y en el mismo hecho de darle fin, hubiera una ligera burla, al mostrar con cuánta facilidad, se hace real lo que era imposible. Y tímidamente, ese rayo de luz se convierte en el centro de todo. En el objeto de una adicción, en el asidero de la esperanza, en la conexión con los propios sueños... en una ilusión que no se atreve a manifestar en palabras, pero que bombardea el corazón, llenándome de una energía desconocida, que no recordaba. Como si el cuerpo hubiera estado años sometido a una larga depresión, que la mente se negara a reconocer, como si una vejez prematura llevara cargando sobre mis espaldas una carga de tristeza perezosa que de repente desapareciera, dándome alas. Y una sonrisa en el rostro, una ilusión en la mente, y una esperanza en el pecho, a la velocidad a la que estallan los volcanes, se desatan las tormentas, se derrumban las montañas, se mueven los continentes, o nacen los dioses; despliegan sus tímidas, pero gloriosas alas, con la imparable inercia del tiempo, pero con la timidez temerosa del que evita respirar muy fuerte cuando sostiene un diente de león, para evitar arruinarlo antes de tener ocasión de formular un deseo. November 09 Oda a AokiHoy, quiero hablar de la belleza, esa cualidad a la que tanta importancia se le da. Ante todo y sobre todo, recordemos que la belleza es simplemente una cualidad, una “virtud sin mérito”, aunque a las generaciones de ahora se les dé tan mal distinguir los méritos de los demás. (No hay más que ver los méritos que hacen muchos de los “ídolos” de la gente para convertirse en ídolos, y entenderéis lo que digo). Pero al margen de su valor relativo como cualidad, es algo que a todos nos influye o nos afecta en una cierta medida, que cada uno, humildemente, ha de reconocer. Sería hipócrita por mi parte, puesto que ensalzo tantísimas cosas y a tantas personas por su belleza, y puesto que pretendo ser un ilustrador; quitarle el valor que por derecho tiene. La belleza se justifica a sí misma, en el sentido de que aquello que tiene de bueno la belleza, es, precisamente, que es hermosa. Sin embargo, hay un error común en la apreciación de la misma, que distorsiona la realidad de manera forzada y horrible. La belleza es un valor que se atribuye a situaciones, escenas, personas, animales, plantas, épocas, melodías, aromas, etc… Dispuesto a definirla, busco por internet su significado de diccionario, y dice: “Armonía y perfección que inspira admiración y deleite.” Parece ser que si uno anda por la calle descalificando ciertas categorías musicales (por llamarlas de algún modo), no faltan mentes progres y conciliadoras que conceden a cada uno el beneficio de la libre opinión, y del gusto propio, lo mismo ocurre con el resto de obras de arte (y no me refiero sólo a la pintura y la escultura, sino a la literatura, la arquitectura, el cine, etc)… incluso las historias, las situaciones, los momentos mágicos que cada uno puede definir, son bastante ambiguos en cuanto a la percepción. Hasta ahí, no pongo pegas. Y no hay nada más cierto que esto: sobre gustos, nada hay escrito. O más cierto todavía: Sí que hay escrito, y mucho, pero tanto vale la autoridad de lo escrito como media boñiga de vaca. Porque al fin y al cabo, la belleza versa sobre impresiones y gustos, y es, y debe ser, en última instancia, algo puramente subjetivo. Por eso me indignan los casos de autoridad en cuanto a la belleza que se propagan como un germen por la sociedad, precisamente en aquello que es más subjetivo, más complejo, más insondable, más… se me escapa la palabra, pero estoy hablando de la belleza humana, que tan sujeta a cánones parece estar viéndose sujeta. La belleza es lo que es, es esa magia invisible que hace que aquello que la posee nos conmueva, nos atraiga, nos interese, nos provoque su contemplación esa “admiración y deleite del que nos habla el diccionario”. La belleza puede estar en una mirada que transmite claramente un sentimiento, en un gesto casual, en una naturalidad y seguridad al moverse, en unos rasgos suaves y amables, en la tendencia a sonreír, o en el misterio y elegancia de un rostro serio pero intenso. La belleza puede hacer trampas. HACE trampas constantemente. Ver un rostro que pertenece a alguien a quien odio, me produce una dosis razonablemente escasa de “admiración y deleite”, mientras que el de alguien a quien adoro, puede conmoverme con su presencia, así tenga nariz de bruja, un ojo tuerto, y cuatro pelos en la cabeza que no se ponen muy de acuerdo. Aunque hay patrones que se repiten en los gustos, y opiniones razonablemente compartibles, la belleza es algo que, en última instancia, depende no del portador, sino del observador. Por eso, no permitáis que nadie interfiera en vuestros gustos. No permitáis que las opiniones de los demás os hagan cambiar de parecer fácilmente. La belleza es algo que se siente, y en vuestros sentimientos, nadie debe gobernar. Por eso nadie podría decirle a Aoki (personaje del anime “Hajime no Ippo”, para el que no le conozca) que las chicas que a él le gustan son feas. Nadie podría jamás discutirle a Bruenor Battlehammer que su viejo casco con un cuerno roto es tan hermoso como su corona enjoyada. Nadie podría negarle a Ayla, que su viejo y amado Creb, era hermoso. Nadie podría negar la belleza de la única muñeca de trapo de una niña pobre. Nadie podrá jamás discutirme que mi prima es la mujer más hermosa de la faz de la tierra. Y nadie tiene el derecho a negar, que la amiga que me permitió conocer a Aoki, sea (y de esto, al contrario que del primer ejemplo, estoy profundamente convencido) una persona llena de belleza, en ambos sentidos. October 22 La botella del cajón. Salgo a la calle. Ya hace calor, y los tramos del camino en los que no hay sombra serán un suplicio, pero con todo, es un alivio el contraste con el aire viciado del aula, que parece adormecer el cuerpo y la mente. Si el día está nublado, el aire de la calle está fresco, y revitaliza un poco. Respiro hondo. Comienzo a caminar, siguiendo la ruta de siempre, con el buen ritmo del que se sabe cansado e invierte sus energías restantes en volver a casa cuanto antes, sin perder tiempo por el camino. El entorno no es especialmente bonito, así que no me esfuerzo por hacer del trayecto un bonito paseo. Me entretengo con algún libro en el que ande enfrascado. No suelo concentrarme demasiado en la lectura, ya que debo abandonarla cada vez que he de apretar el paso en un paso de peatones, y mi mente ya anda pendiente de lo que espera a varias calles. Busco distracciones vacías. Giro la cabeza para comprobar si algún compañero de clase toma mi misma ruta y me sigue. Sólo uno de ellos suele seguir mi ruta, y aún no he cogido con él confianza, pero si me siento de humor, retraso el paso, y camino a su lado, para intercambiar un par de frases banales, e intentar ser amistoso. La mayoría de veces hago el trayecto sólo. Al volver la cabeza vuelvo a hojear la página del libro, si es que no he perdido el hilo. Unos pasos más adelante, un perro pequeño ladra desde el alféizar de una ventana. No le presto mucha atención, pero da la impresión de que el perro estuviera encerrado entre la ventana y la reja que la cubre. No creo que sea el caso, pero si lo es, es insufriblemente cruel. En cualquier caso, tener al perro en tal sitio es un poco desconsiderado con el animal, y con los transeúntes. El pensamiento caduca en apenas unos segundos, sin siquiera levantar la cabeza del libro mientras le doy forma, pero me basta para sofocar la irritación que me produce la actitud de esta clase de perros, con el razonamiento de que el pobre animalillo probablemente sólo sea una víctima de una educación y un trato irresponsables. Levanto la vista del libro un par de veces más. Para buscar en la gente que cruzo algún rostro interesante, (bien por serme conocido, o bien por pertenecer a una chica guapa, pero no se da ninguno de los casos) y también para leer el nombre de alguno de los arbolillos del jardín artificial de palmeras y grava blanca a mi izquierda. Cuando cruzo en el semáforo, los intentos de concentrarme en el libro comienzan a ser aún más infructuosos que antes. Aún queda un pequeño trecho para pasar la esquina, pero mi mente ya anticipa ese momento, y levanto la cabeza de la lectura a cada poco para comprobar la distancia que me separa. Pienso de refilón (si no lo he hecho ya varias veces por el camino) en el hallazgo de hace un par de días en el fondo de mi cartera. Entierro el pensamiento por ocioso, y por no conducirme a ninguna parte; pero el hallazgo sigue ahí. A medida que me acerco a la esquina, la expectación aumenta, oculta y controlada bajo la superficie, esa tensión crece mientras intento imaginar un encuentro casual, una conversación incómoda, unas preguntas aclaradoras... intento apartar el pensamiento, tales preguntas resultarían ser puramente retóricas y redundantes, pues sólo obtendrían por respuesta mentiras inseguras y vacilantes. Traspaso la esquina sin detenerme. Una ventana, un portal, una escalera, una acera... busco con la mirada por un segundo y sobre la marcha... y el hechizo se rompe. Sigo caminando sin mirar atrás, como si nunca le hubiese dado la menor importancia. Un distante sentimiento entre la decepción, la frustración y el alivio, se disuelve en mi cabeza. Le quito importancia a todo el asunto. Cruzo un par de pasos de peatones más, y al poco me encuentro en la parada de autobús, buscando entre los rostros alguno que me sea familiar. En el trayecto podré haberme leído dos o tres páginas. El autobús no tarda en llegar, y una vez en él, sentado y tranquilo, retomo por fin la lectura sin pensar en otra cosa. Sam Vimes cierra el cajón de su escritorio en el que guarda la botella de licor. Lleva meses sin beber una gota. August 12 Una canción para el recuerdo. Otro ciclo solar transcurre, pero el recuerdo permanece vivo. Si hay alguien que pueda ser el ejemplo vivo de como rechazar a alguien, sin herir sus sentimientos; de cómo no corresponder, entregando mucho amor; de cómo cerrar una puerta, y abrir una ventana... esa fuiste tú, sin duda. Y aunque el mundo no es todo lo que debería ser, no será por mí, que se diga que tanta bondad queda desagradecida. Por eso, un año más, por estas fechas, te invito a compartir conmigo un humilde homenaje a la nostalgia. Aún no he faltado a la promesa de subrayar tu nombre en mi corazón cada vez que escucho la canción, pues hoy te regalo otra más, una bastante desconocida, que me han enseñado hoy, para que sea tuya y mía, una canción del sueño de amor de entonces, para la amistad que nos une hoy. Para que pase lo que pase, y aunque nos separe la distancia y el tiempo, nunca lo haga el olvido. Para que siempre te acuerdes de mí, mi diosa. http://www.youtube.com/watch?v=C21G2OkHEYo August 04 Una flor extraña. Conozco una flor de la zona, nada fácil de cultivar, pero muy hermosa de contemplar, que no se parece a ninguna de las que hay en mi jardín. Sonríe al observador con un risueño descaro, o quizá a veces incluso un felino gesto de belleza amenazadora, que cautiva al caminante. Una flor con mucho carácter, que pocos jardineros pueden llegar a cultivar. Su tallo, es leñoso y seco, con una corteza dura, que resiste con orgullo los embates de la brisa, sin doblarse una pulgada, pero que que se quiebra fácilmente, cuando se aplica la fuerza necesaria. Por fuera, está cubierta de espinas negras, grandes, afiladas, y muy dolorosas; por dentro, es del más sedoso y mullido algodón blanco. La espina de esta flor, al contrario que las de la rosa, se ablanda y endurece a capricho, de forma impredecible, pudiendo ser flexible e inofensiva en un momento, y afilada y recta al siguiente, en especial cuando detecta una amenaza. Se requiere mucha pericia para coger esta flor, pues hay que tomrla con delicadeza, pero con decisión. El afortunado que tenga ocasión de ver esta flor de cerca, verá que sus pétalos son blandos, pero exultantes, invitadores, de cierta belleza cálida, arrebatadora, húmeda, casi sensual. Su olor, es extrañamente indescriptible, como una fragancia exótica, con toques de incienso y de especias. Su color, a medio camino entre el ardiente carmín de la sangre apasionada, y el añil de medianoche de un cielo de verano... es el violeta, oscuro y profundo. Merecía la pena hacer mención de esta planta tan preciosa, tan arrebatadora, tan peligrosa, tan dura, y tan frágil a la vez, como un corazón de diamante. Y tú, pobre necio imbécil, mal aprendiz de jardinero, para quien sus orgullosas espinas se doblaron una vez, permitiéndote tomarla en tu mano... Has fracasado en tu cometido, has partido su tallo, la has dejado marchitar. Tú, miserable alimaña, que has despreciado el honor, de cuidar tal maravilla. Tú, balbuciente niñato, que no has sabido estar a la altura. Tú, rapaz indecente, que has herido al orgullo. Y tú, patético diablo, no lo dudes ni una vez, verás tu mano sangrar, herida por sus espinas. No eres digno del milagro que ha pasado por tus manos. Y aún erguido, el tallo partido de la flor, deja ver por sus heridas su interior algodonado, con esa belleza melancólica que tiene el dolor a veces, con el negro y helado icor que envenena sus espinas, con su savia goteando, como un río de agua salada, concentrado en una gota, que deslizara sin cauce, sobre la trémula piel de canela. Para una vieja amiga, que ha descubierto hace poco mi voz, y merece una palabras. Con todo el amor de un hermano, y la promesa de tantos abrazos, como me quieras pedir. |
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