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5月31日

A Aly


TRES PUERTAS

Una sola puerta de tres, abierta.
Una sola puerta.
Enfrente, la montaña.
Pasa la nube inmensa;
toda suya... todo suyo.
Huracanes de vientos;
lluvia andante semiparalela
y en todo el monte funerales alegres, naturales,
de hojas muertas.

Los cabellos terráqueos danzan todos iguales
al son de trompetas invisibles que vienen de los mares.

Llegó el otoño; llegó la muerte...
¡Mas no para todos!
Hoy morirán hojas y animales.

Mas no morirán para siempre y, en su transformación de mañana
darán
con más calor
a la tierra,
de su muerte,
pasado mañana,
brotes de esperanza.

Y yo no he muerto.
Me alegro de la lluvia
y me alegro del viento.
Si tengo frío, me caliento;
si tengo miedo, ¡Que no lo tengo!,
susurro y pienso...
y para mañana
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza.

Una sola puerta de tres, abierta.
Una sola puerta inmensa.


Hoy, entre las horas de insufrible Sol de justicia, se ha colado un verdadero y fugaz diluvio, la primera gran tormenta de verano, del que se avecina, y una de las más violentas que he visto jamás. Ha durado poco, y tan pronto ha llegado, se ha ido, dejando el cielo de un limpísimo azul, y de nuevo, el Sol asesino de Murcia, que aplasta el aire, volviéndolo espeso, pesado, húmedo y pegajoso. Me fascina ver llover, sobre todo cuando llueve con tanta fuerza, y se oyen los truenos rasgar el aire, no sólo refresca el ambiente, sino que me hace sentir algo por dentro. Ímpetu, fuerza, fascinación por el despliegue de poder de la naturaleza. Un concierto de rock duro podrá hacer mucho más ruido, con amplificadores artificiales que te machacan los tímpanos y te meten un zumbido insidioso, pero esto es algo distinto. El golpear del agua contra las tejas, el suelo, las verjas. Decía hoy Diana, y tenía razón, que la lluvia al golpear la barandilla de la primera planta de la escuela, sonaba como un montón de cascabeles, y era precioso oír los cascabeles. Y sencillamente, cuando suena el trueno, la gente se sobrecoge, grita, se para a oírlo. Cala en cada uno de nosotros. Le tenemos miedo, porque escapa a nuestro control. Creemos haber derrotado a la naturaleza, que la hemos domesticado, y una simple tormenta de verano condiciona nuestras vidas mientras dure, hasta extremos ridículos, teniéndonos refugiados donde pillemos, temerosos de su furia. Yo soy de los que disfrutan la demostración, de los que salen un segundo para mojarse y volver sonrientes un segundo después, empapados. Imagino que los primeros hombres que caminaron sobre la tierra debieron de sentir algo parecido, poco antes de inventar a los primeros dioses. Y cuando truena y llueve como hoy, siempre me viene a la cabeza esta poesía de Manolo Chinato, recitada con acompañamiento musical en el disco Poesía Básica, de Extrechinato y tú.
Es imposible no sentirla, susurrarla con fuerza, y...
lo cierto es que esta canción está hecha para recitarla a gritos, pero todavía no estoy tan deshinibido (o loco) como para salir a la lluvia y comenzar a gritarla. Puede que algún día lo intente... algún día que no me pille muy lejos de casa y me pueda cambiar después. XD

Hoy (En realidad hace varios días, pero ya sabéis cómo de perezoso soy) quería hablar también de una persona que he conocido recientemente. Una nueva incorporación al club de las angelitas. Se hace llamar Aly, la conocí por casualidad, agregando gente de un foro. Y resulta que es mi alma gemela. A nivel intelectual-emocional, es un clon de mí, y compartimos por completo nuestra actitud social y nuestra perspectiva de lo que es la amistad, y el amor. Es una persona simpática, agradable, dulce y cariñosa, y se ha convertido en alguien importante y especial de la noche a la mañana. Una gran amiga, y quizá la primera mujer que conozco, que es de verdad compatible conmigo. Lástima es, que sólo en amistad se va a poder quedar la cosa, ya que es de Salamanca, y tiene novio: un tipo cojonudo, muy inteligente, maduro y agradable, por lo que he podido notar o intuír de él; de Barcelona, que con ella se porta como corresponde a semejante tesoro. Muy buen tío, de verdad. Es una alegría saber que se tienen el uno al otro.

Esto, lejos de desanimarme, me ha llenado de esperanzas. En primer lugar, no es tan habitual como debería ver a dos personas tan compatibles y maravillosas como ellos dos, juntos y felices. Es uno de esos consuelos que llegan con cuentagotas, y que nos empujan a creer que existen ciertas briznas de justicia y armonía en el mundo. Es algo que me hace sentir en paz. Y en segundo lugar, he encontrado a una chica que es como yo, una persona capaz de comprenderme más de lo que la mayoría puede entender, una persona, de ese tipo tan especial, y poco común, que podrían llegar a quererme. Quizá, si nos hubiésemos conocido en circunstancias muy distintas, vete a saber. Y lo que esto viene a querer decir es, que el milagro es posible.
Durante un tiempo llegué a pensar medio en broma medio en serio (lo de broma no lo entiendo yo tampoco, tengo un humor victimista bastante tétrico a veces) que la mentalidad de las mujeres de esta generación era incompatible con la mía. Que mi personalidad me iba a impedir siempre llegar a atraer lo suficiente a una chica como para vivir con ella aquellas cosas que de tan largo ansío. Los bienintencionados consejos de mis amigos me proponían estrategias, correcciones, cambios de actitud, todos ellos tan ajenos a mí mismo que me forzaron a pensar que de verdad eran defectos propios lo que me ponía la barrera, y que debía forzarme a un cambio radical, a forzarme a no ser yo mismo para poder alcanzar lo que deseaba. Ahora sé que no tengo que agobiarme, que el milagro es posible, que espera ahí fuera el momento de ocurrir, y que debo tranquilizarme, saber aguardar el momento sin forzar las cosas, ser yo mismo como siempre he disfrutado ser. A conformarme con el papel que me toque desempeñar hasta que el momento llegue. Y cuando llegue, sabré estar preparado, porque nunca supe ligar, pero desde que tengo uso de razón (digamos los 14 años), no he meditado otra cosa tanto, como la respuesta a la pregunta ¿Cómo se ha de amar?

Es una pregunta, cuya respuesta, merece toda una vida de búsqueda. Y francamente, no creo que haya pregunta más importante para el ser humano.

...Abraza mi ley y aprenderás:
que es más sabio el hombre.........que sabe amar...

Y con esto y un abrazo a Aly, que me ha dado una sorpresa, una alegría, y una paz mayores de lo que a simple vista ofrecen nuestras pequeñas charlas nocturnas, me despido. A tus pies, princesa.


5月23日

Las últimas aventuras de Tiara de Calim

Este sábado, jugué una partida de rol muy, muy emotiva. Después de rebasar el clímax de lo épico y lo desesperado, mi colega Dani y yo pudimos tirarnos en el sofá con gesto cansado, mirarnos y decir: ¡¡Estamos vivos!! y reírnos.

 
Tiara de Calim, y el padre Rash de Shóndakul estaban en un apuro, en el sentido más completo de la expresión. Después de perderse durante varias semanas por el desierto de Anauros, donde no hay plantas, ni animales, ni agua, ni rastro alguno de la vida que incluso en un desierto normal se puede encontrar, silenciosa y oculta para el observador casual.
No en Anauros. La mitad de su superficie la componían residuos minerales fundidos, grandes planicies de obsidiana y roca viva, llanuras de sal, y algunos escasos promontorios rocosos. Tan muerto era el lugar, que ni la magia funcionaba. Algún antiguo desastre había rasgado la urdimbre mágica hasta hacerla desaparecer por completo de toda la zona. Nuestros conjuros eran inútiles, y sin ellos, no estábamos preparados para la arrogante pretensión de atravesar Anauros.
Todo conocimiento sobre supervivencia era inútil, y cualquier conjuro que nos proporcionara sustento, descanso, o velocidad para salir de allí, era imposible de realizar.
En más de una ocasión intentó la bailarina de Calim desempeñar su labor de bardo para levantar el ánimo del grupo, pero su propia desesperación la traicionaba, impregnando sus canciones de un punto amargo, dando al traste con el propósito de la música. Aquel maldito lugar devoraba hasta las esperanzas, de manera inexorable.

 Varias semanas racionando el agua y la comida al máximo. Reciclando orina, no comiendo, para no eliminar agua del organismo por las heces, cubiertos, para resistir el ataque constante del Sol. El mono adiestrado que acompañaba a Tiara, debilitado en extremo, desapareció sin más una noche, sacado de su descanso por un retorcido compañero de viaje, antiguo planodeudo, para  matarlo y beber su sangre en un intento desesperado por paliar la sed, y luego esconderlo en la arena sin más.

 La fe del devoto Rash parecía flaquear por momentos, la locura que hacía presa en Tiara la estaba llevando a extremos religiosos impropios en alguien con un estilo de vida tan libre, y de religiosidad tan laxa. Pero en ese maldito lugar, ni siquiera los dioses hacían llegar su influencia. El taciturno Pongo, el guerrero de negra armadura que imitaba las escamas de un dragón, estaba de un humor aún peor que el acostumbrado. Sin magia, su vieja bolsa de contención permanecía vacía, y cerrada al plano de contención donde guardaba todos sus objetos. Su poderoso mandoble parlante, Lynacor, que normalmente dedicaba sus mejores esfuerzos, y grandes dosis de su propia estupidez en pedir pelea a gritos, y desesperar y provocar al grupo de todas las maneras imaginables; permanecía silencioso, como el trozo de metal frío e inerte, que en ausencia de la magia era. Los dos conjuradores gemelos elfos, eran una vaga sombra de vida, y caminaban como autómatas, apenas conscientes. Al borde de la muerte y el delirio, el grupo de viajeros se encontró con los únicos habitantes de aquel lugar, una tribu de hombres (o algo completamente distinto, ya que ningún hombre sería capaz de sobrevivir) que se hacían llamar Bedwin, nos asaltó. Sus exigencias eran las siguientes: o bien nos introducíamos en unas viejas ruinas en busca de un viejo artefacto (una campana de la que no se nos dijo más) y como recompensa se nos guiaba sanos y salvos fuera del desierto, o bien nos daban caza como a perros por invadir sus tierras. Nuestro otrora poderoso grupo se encontraba en una situación lastimosa, y no nos hallábamos en posición de discutir.

 Nos dieron de comer y de beber, lo que le dio un breve y doloroso recuerdo a nuestros cuerpos de lo que tales satisfacciones significaban para el cuerpo, y nos guiaron hacia la zona en la que se suponía que hubo una antigua ciudad. Nada más que una planicie arenosa salpicada de rocas, y algunos escombros sueltos clasificables como restos de antiguas columnas, delatando que en algún tiempo pasado lejano, hubo vida en el lugar.

Después de buscar, Tiara, y su compañero, el antiguo planodeudo transformado en humano, encontraron una entrada a un subterráneo. Después de cruzar oscuros pasillos y grutas, y un lago ácido (Tiara, llevada de la necesidad, fue la primera en probar de él, abrasándose la lengua y la garganta), los compañeros llegaron a los restos de lo que parecía un antiguo laboratorio mágico, en el que aún había urdimbre, pero tan rasgada, que cualquier conjuro que se empleara, funcionaba de forma aleatoria y peligrosa. Allí encontraron restos de las mesas de experimentos, figuras holográficas que nos informaban de lo que allí se hacía, y un limo viscoso con vida propia que impregnaba las paredes, contra el que tuvieron que luchar en varias ocasiones. Las grandes espadas de Pongo y Rash se mostraron casi imposibles de manejar en la estrechez del túnel, pero por suerte, el cieno no resultó un desafío demasiado peligroso, y unas cuantas puñaladas hicieron el trabajo. Por ninguna parte aparecía la campana, y lo único que supimos por los espectrales informadores, es que obviamente algo salió mal, y que en el sótano, debajo de una inundación donde el complejo atravesaba el nivel freático del suelo, había un portal al plano de los diablos. Desesperados bajamos, bebimos de las aguas subterráneas hasta saciarnos, llenamos nuestras cantimploras, y nos dispusimos a bucear en busca de la campana. Usamos una cuerda para guiarnos y facilitar la tarea a los peores nadadores, pero al llegar al fondo, la corriente nos atrapó y nos arrastró hacia el portal, dejando atrás casi todos nuestros preciados enseres. Desprovista de su arco y su espada mágicos, sin ingredientes de conjuro, sin armadura, solamente pertrechada con un top y un pareo improvisados con tela para que la ropa no estorbara al bucear, y una pareja de cimitarra y espada corta, Tiara entró en el plano infernal.

 Allí, unos diablos nos estaban esperando para conducirnos a su odiosa ciudad, solitario y tétrico baluarte gobernando un paisaje similar a un vasto desierto surrealista de colores extraños. Dentro de la ciudad, nos entrevistamos con su gobernante, y la verdad nos fue revelada: no existía tal campana, sino que nuestra presencia aquí ya estaba pactada con los Bedwin, que hacían tratos regulares con los diablos (así se explicaba que sobrevivieran al desierto). Nuestro verdadero cometido era aceptar un trato con el diablo, para eliminar al general de sus enemigos, demonios del abismo. La recompensa a la misión era ser transportados a cualquier lugar del plano Material, fuera de Anauros, la alternativa, era abandonar la ciudad de los diablos, para vagar por el plano, sin retorno a casa, andando en solitario por un desierto en el que, sí, había magia, pero también una guerra entre demonios y diablos que nos sobrepasaban en poder. Los diablos eran organizados, estructurados, disciplinados, hacían tratos y pactos, y trataban de salir ganando. Fingían cumplir las reglas de sus retorcidos juegos, sólo para al instante después hallar un hueco conveniente para traicionar al negociante, y convertirlo en esclavo, ejercían dominio, y parodias de la legalidad. Los demonios, en cambio, eran salvajes y brutales, luchaban entre ellos siempre que no tuvieran nada más contra lo que combatir, y se recreaban en el caos, la masacre, la matanza indiscriminada... Para el espíritu libre de Tiara, al menos en el salvajismo de estos últimos había algo de honestidad, mientras que los diablos engañaban y apuñalaban. De los dos hermanos elfos, el más estudioso de la magia había llegado a un punto de locura tal, que se expresaba como un desquiciado, y se comportaba frente al diablo con una suplicante servilidad que repugnó a sus compañeros, que callaban. Tiara odiaba al ser con toda su alma, pero trató de ser razonable, al fin y al cabo, matar demonios era algo que de todas formas favorecía a la causa del bien, y se dirigió a la bestia:
-Mira diablo, necesitamos nuestros objetos mágicos, en estas condiciones, sin nuestro equipo...

 El diablo ya había dejado de escucharla tan pronto Tiara se dirigió a él en el poco deferente trato de "Mira diablo"... Su arrogancia exigía un máximo de respeto... y de adulación. No permitiría a aquella mortal referirse a él de ese modo, y mandó a dos diablos astados a que la azotaran. Rash protestó por el trato recibido por el diablo. Pero aquélla era la ciudad de la bestia, y ella era el señor de todo cuanto le rodeaba. Las protestas le valieron unirse a Tiara en su castigo.
Tiara, que ya de por sí forcejeaba, gritaba y pataleaba de dolor, rabia y frustración, chilló de pura angustia al ver que su amado Rash iba a recibir el mismo martirio, redobló esfuerzos, pero todo fue en vano. Rash no chilló una sola vez.

 De nuevo en presencia del diablo, éste les preguntó si, después de aplacados nuestros modales, estábamos dispuestos a participar del trato. A Tiara le faltaban fuerzas para escupirle a la cara, así que se limitó a negar con la cabeza. A modo de cruel despedida, y ante la posibilidad de que no se volvieran a ver, el ex-planodeudo se despidió confesando, a su modo cruel y sarcástico, que él había matado al mono de Tiara. Abandonó la ciudad dedicándole una mirada de odio. Rash, en la encrucijada de seguir al grupo en su oportunidad de escapar, y abandonar a su suerte a Tiara, o renunciar a esa oportunidad para salvarse, y acompañar a la chica en su condena, a la búsqueda de una oportunidad para volver a su plano natal juntos. Rash se despidió de sus compañeros, y abandonó la ciudad en pos de la mujer. Rash odiaba al diablo casi tanto como ella, pero el idealismo rebelde de la chica podría estar costándoles a los dos la vida. Y sin embargo, no podía abandonarla, había algo en su forma de ser inocente que le perturbaba, y no en vano, era una mujer fascinante y atractiva.
 Cuando la encontró, tenía los surcos de las lágrimas secos sobre la suciedad de su bello rostro, y la respiración agitada. A pesar de la suciedad y de las marcas de la violencia de los diablos, estaba encantadora. Se miraron profundamente, y el significado de que él estuviera allí con ella en ese momento la inundó. Pero no dijo nada, simplemente le miró, transmitiéndole todo su agradecimiento sin palabras.

Mientras tanto, el resto de compañeros se preparaban para una misión, que cualquier hombre cuerdo hubiera calificado de suicida.

 [Y hasta aquí todo lo ocurrido antes del sábado]

 A partir de ese momento vagaron, anduvieron, y se escondieron. Sin embargo, Rash notaba sobre él alguna mirada ajena, como si les estuvieran observando, y le preocupaba que sus sentidos fueran acertados. En las proximidades de una batalla entre diablos y demonios, unos diablos cornudos, o cornugones, de aspecto reptiliano, grandes alas negras, y brillantes escamas del mismo color, les avistaron, les siguieron y les atacaron. Rash usó su magia para entorpecerlos y atacarlos, y protegió a Tiara lo mejor que supo. Cuando un tercer diablo apareció en escena, Tiara reaccionó.
Usó su música para infundir valor y fuerza a los dos, y trató de enfrentarse al diablo. Sus pobres armas eran incapaces de herir al poderoso monstruo, a pesar de su destreza. Pero podía entretenerle, desarmarle, darle tiempo a Rash para que usara magias más poderosas que acabaran con las abominables criaturas. Consiguieron matar a dos, y herir a alguna más, para luego huir tanto como pudieron. O ése era el plan, porque los diablos la emprendieron con el sacerdote con tanta fiereza que éste perdió el conocimiento, mientras perdía sangre. Tiara, desesperada, retrocedía cargando a Rash sobre sus hombros. A esas alturas, era muy probable que el arrogante rey diablo no se hubiera contentado con dejarlos marchar, sino que hubiera enviado a subordinados para acabar con ellos y así castigarlos por su actitud desafiante, para alimentar su ego.

Mientras tanto, en alguna parte, sus compañeros le hacían frente a un Bálor, la cúspide del poderío demoníaco, una vil criatura nacida para dirigir legiones de destrucción y terror. De nuevo con Lynacor pidiendo sangre, y protegido por la poderosa armadura de berserker que era a un tiempo la mayor maldición, y lo que más poder le había dado al guerrero para sobrevivir a las peores situaciones; Pongo debía encontrarse de nuevo en su elemento. Serio y sin entusiasmo, pero eficaz y devastador en su fría determinación. Tiara le debía la vida varias veces, y había ayudado a salvar la suya también, pero en ese momento, no podía imaginar, y tampoco preguntarse siquiera, dónde se encontraba, o lo que hacía.

 Los cornugones tenían atrapada a la pareja, rodeados por un anillo de llamas, y surcando el cielo con sus alas negras, se disponían a terminar la tarea, cuando un inverosímil rescate tuvo lugar. En el círculo de llamas apareció un portal, y por él, empezaron a aparecer sacerdotes de Shóndakul del templo de Rash. Preguntaron cómo habíamos llegado aquí, ya que por primera vez desde que entráramos en Anauros, sus hechizos de escrutinio habían podido localizarnos, y nada más y nada menos que en el infierno. Dejando para luego las explicaciones, rápidamente, le dieron a Rash ingredientes para abrir un portal propio y huir de allí, y antes de que los diablos entendieran lo que ocurría, la muchedumbre desapareció.

 Los sacerdotes habían dicho que debíamos cotinuar con nuestra misión cuanto antes, aunque dado nuestro aspecto, no habría nada malo en tomarse unos días de descanso. Rash y Tiara aparecieron solos en un claro del bosque Alto, que el clérigo reconoció por su anterior paso por la zona. Fue como despertar de una horrible pesadilla, y de repente, todos los estímulos eran un regalo a los sentidos, cada brillo verde en las hojas, cada brizna de hierba fresca, cada bocanada de aire, cada canto de los pájaros, cada salto del agua del arroyo que atravesaba el claro era un mundo maravilloso que hacía tiempo que no se permitía evocar. Tomó consciencia de su propia indumentaria. Los paños menores con los que se zambulló en el pozo de las ruinas habían quedado reducidos a harapos por los latigazos y los combates, así que se encontraba semidesnuda, pero estaba a solas con Rash, así que no le importaba. Ya no. Maravillada por los sencillos lujos que la madre naturaleza les ofrecía, Tiara se recreó paseando descalza por el lugar, y las aguas limpias del arroyo, resultaron una tentación demasiado grande para su cuerpo sucio y fatigado. Mientras tanto, Rash buscaba fruta de los alrededores para comer. A su vuelta, comieron y bebieron con abundancia, radiantes de felicidad. Luego, Tiara volvió al agua, llevándole a él con ella en esta ocasión.

 Y envueltos por las frías aguas del arroyo, bajo el dosel de hojas de los árboles, acariciados por la cálida brisa del bosque, hicieron el amor. Su misión aún les llevaría a más peligros y aventuras, pero en ese momento, ese breve respiro, ese paréntesis que la vida les dio, todo parecía en su lugar, y Tiara se sintió, por primera vez en su vida, completamente feliz.
 

Y ahí, más o menos ha quedado la cosa. Verdaderamente, es de esas partidas en las que a uno le queda buen sabor de boca del resultado. A veces mola currarse al personaje y la historia. Estoy seguro de que otros que juegan de una manera más ligera, no han disfrutado tanto como yo este fin de aventura.

 En fin, era raro que aún a estas alturas, alguien tan friki como yo no hubiera puesto nada sobre su hobby favorito. Pues así me estreno, con una historia muy bonita en mi opinión, y ahora que la veo completa… muy larga. Enhorabuena y gracias si habéis leído hasta aquí. Otro día os cuento el día tan fabuloso que he tenido hoy, y en qué ando últimamente. Y así tengo excusa para escribir y no dejarme. Un abrazo a todos.